International  Biennial of  Performance  VII  Bienal Internacional de Performance

Felipe Lozano – Colombia - La soledad en tiempos de Netflix Perfoartnet 2020

Felipe Lozano – Colombia - La soledad en tiempos de Netflix

Estamos acostumbrados a crear vínculos que nos provean de afecto, pero también designificado: una pareja, un compañero, un familiar, un amigo; lo que sea que nos hagasentir que somos amados, que estamos siendo vistos, o al menos monitoreados. En ese sentido, una interacción, por más mínima que sea, siempre implica la posibilidad de darle sentido a nuestra existencia. Incluso si es a través de una pantalla.

La Soledad en tiempos de Netflix cuestiona el impacto que tiene el desarrollo tecnológico en las relaciones afectivas, buscando conexiones profundas entre la necesidad de afecto y nociones inherentes a la vida humana, como el nacimiento, el deseo y la muerte.

Parece un instinto natural, cada vez más, abrir ventanas en el espejo negro que llevamos en el bolsillo para intercambiar afecto con otros, o al menos intentarlo. Canalizamos nuestros sentimientos a través de símbolos y emociones predeterminadas para
interacciones controladas.

Irónicamente, las herramientas que creamos para facilitar esas interacciones terminan aislándonos más. Como individuos inmersos en un sistema neoliberal, individualista y meritocrático, vivimos atravesados por el deseo de una vida autosuficiente, en la que podamos suplir nuestras necesidades, físicas y afectivas, con un clic.

Las empresas entran a suplir esas necesidades afectivas, ofreciendo productos y servicios diseñados para un individuo cuyo tiempo debe ser optimizado; ser eficientemente distribuido con alternativas que se acomoden a su existencia individual.

En un mundo de afectos prefabricados, empaquetados y listos para la venta, la compañía deja de ser una necesidad vital para convertirse en un objeto de consumo. La soledad pierde su poder transformador, implícito en el profundo deseo de trascender —dejar de ser uno para derramarse en otro—, y se convierte en un pretexto para sumirse en las
ambiciones propias y consumir aún más.

Nos ponemos voluntariamente en una vitrina y nos consumimos los unos a los otros con laintención de aliviar ese dolor, cada vez más soportable, que es la soledad. Lo único que obtenemos a cambio, es, casi siempre, una insatisfacción. No por el consuelo de una compañía simulada, no por el cansancio de una búsqueda que no termina, sino como el lamento de un sufrimiento que nos ha sido arrebatado, que, como obsoleto, ya no le da sentido a nuestra existencia. No necesitamos amarnos, ni sufrir por amor, solo dar clic y pretender que no nos hace falta.

 

We are used to creating bonds that provide us with affection, but also with meaning: a couple, a partner, a family member, a friend; whatever makes us feel that we are loved, that we are being seen, or at least being monitored. In this sense, an interaction, however minimal, always implies the possibility of giving meaning to our existence.

Even if it is through a screen. The Loneliness in Netflix Times, questions the impact that technological development has on affective relationships, looking for deep connections between the need for affection and notions inherent to human life, such as birth, desire and death. It seems a natural instinct, more and more, to open windows in the black mirror that we carry in our pockets to exchange affection with others, or at least to try.

We channel our feelings through predetermined symbols and emotions for controlled interactions. Ironically, the tools we create to facilitate those interactions end up further isolating us. As individuals immersed in a neoliberal, individualistic and meritocratic system, we live traversed by the desire for a self-sufficient life, in which we can meet our needs, physical and emotional, with a click.

The Companies come to meet these emotional needs, offering products and services designed for an individual whose time must be optimized; be efficiently distributed with alternatives that suit your individual existence. In a world of pre-made affections, packaged and ready for sale, the company ceases to be a vital necessity to become an object of consumption. Loneliness loses its transforming power, implicit in the deep desire to transcend ,to stop being one to spill over into another, and it becomes a pretext to plunge into one's own ambitions and consume even more.

We voluntarily put ourselves in a showcase and consume each other with the intention of alleviating that increasingly bearable pain, which is loneliness. The only thing we get in return is, almost always, dissatisfaction. Not for the consolation of a simulated company, not for the fatigue of a search that does not end, but as the lament of a suffering that has been taken from us, that, as obsolete, no longer gives meaning to our existence. We don´t need to love, or suffer for love, just click and pretend that we don´t need it.

cr PerfoArtNet