Máquinas de placer | Lo que entra al cuerpo / México /Mariana

Hernández Rossier.

 

Desde hace un tiempo he estado preguntándome sobre todos los consumos que financian la violencia, explotación y la propia ausencia o enajenación de las energías corporales.
¿Hasta qué punto decidimos lo que entra en el cuerpo?
Me interesa generar un espacio donde el deseo de estos consumos pueda leerse políticamente. Donde pueda reivindicar la posibilidad de relacionarme con mis placeres desde la conciencia, el conflicto y la agencia. En México—como en Colombia y otros territorios atravesados por economías narcoparamilitares—el consumo de cocaína existe en un doble régimen: normalizado en la práctica cotidiana y, al mismo tiempo, cubierto por un anonimato social que borra las rutas, los cuerpos y las violencias que vuelven posible su circulación.

La acción consiste en conseguir cocaína durante los días previos a la presentación. El día de la presentación, mostraré el producto y haré una ficha de archivo del producto (nombre, alias, especificaciones de producto, peso, costo, método de adquisición, tiempo de adquisición, lugar de adquisición,número de personas involucradas, recorrido geográfico, nivel de riesgo, etc) Un desmontaje estructural de todo lo que cubre ese anonimato, accesibilidad y normalización de la compra-venta de la cocaína. Al terminar la ficha, comenzaré a cortar líneas en un espejo mediano, invitaré al público a inhalar o soplar la droga con la simple premisa de consumir el producto. De fondo se escuchará un audio donde hablo de mi relación con este consumo, el placer que me ha dado, el goce que tengo de este efecto. El público decidirá libremente si consumir o no.


Una vez terminado este momento, comenzaré a esbozar en el espejo lo que parecerá un mapa arquitectónico con residuos de cocaína y materiales de cartón en escala del Rancho Izaguirre —reciente espacio de exterminio y reclutamiento forzado hallado en Teuchitlán, Jalisco — exponiendo el vínculo entre consumo y violencia. Esta acción dialogará con un video que compila fragmentos de narcoseries y películas que estetizan la cocaína como glamour, poder y espectáculo. La edición culmina con las imágenes de la noticia real del descubrimiento del Rancho por parte del colectivo "Buscadores de Guerrero".

Esta obra no busca absoluciones moralistas. Mi reivindicación es otra: reclamar el derecho a mirar mis propios consumos como un acto político. A nombrar lo que deseo y lo que ese deseo sostiene, y a invitar al público a atravesar esa misma pregunta.
Finalmente, escribo algunas preguntas sobre la superficie del espejo:
¿Yo decido lo que entra a mi cuerpo?
¿Cuántos de nuestros consumos nos ausentan?
¿Cuántos de nuestros consumos financian la violencia?
Para leerlas, el público se reflejará sobre el espejo-maqueta y los restos de droga. Así, la obra desplaza el consumo del plano individual al deseo socializado —al consumo como tecnología política— y sitúa al público ante una decisión ética: mirar o no mirar, consumir o no, sabiendo que cualquier elección los inscribe dentro del cuadro y del propio circuito del consumo.
*En caso de que la acción sea en calle / mostrar el producto y hacer directamente la ficha de archivo de objeto, hacer la maqueta (más como un acto contemplativo y duracional). Dejando la maqueta hecha con los residuos de cocaína y las preguntas escritas en el espejo.

For some time now, I've been questioning all the forms of consumption that finance violence, exploitation, and the very absence or alienation of bodily energies.

To what extent do we decide what enters our bodies?
I'm interested in creating a space where the desire for these forms of consumption can be read politically. Where I can reclaim the possibility of relating to my pleasures from a place of awareness, conflict, and agency. In Mexico—as in Colombia and other territories traversed by narco-paramilitary economies—cocaine use exists under a dual regime: normalized in everyday practice and, at the same time, shrouded in social anonymity that erases the routes, the bodies, and the violence that make its circulation possible.

The action consists of obtaining cocaine in the days leading up to the presentation. On the day of the presentation, I will display the product and create a product file (name, alias, product specifications, weight, cost, method of acquisition, time of acquisition, place of acquisition, number of people involved, geographic route, level of risk, etc.). This will be a structural dismantling of everything that masks the anonymity, accessibility, and normalization of the buying and selling of cocaine. After completing the file, I will begin cutting lines on a medium-sized mirror and invite the audience to inhale or blow the drug with the simple premise of consuming the product. In the background, an audio recording will play in which I discuss my relationship with this drug, the pleasure it has given me, and the enjoyment I derive from its effects. The audience will then freely decide whether or not to consume it.

Once this moment is over, I will begin sketching on the mirror what will resemble an architectural map, using cocaine residue and cardboard materials, to scale, of Rancho Izaguirre—a recently discovered site of extermination and forced recruitment in Teuchitlán, Jalisco—exposing the link between consumption and violence. This action will be juxtaposed with a video that compiles fragments from narco-series and films that aestheticize cocaine as glamour, power, and spectacle. The edit culminates with images from the real news report of the Rancho's discovery by the "Buscadores de Guerrero" collective.

This work does not seek moralistic absolution. My claim is different: to reclaim the right to view my own consumption as a political act. To name what I desire and what that desire sustains, and to invite the public to grapple with that same question.

Finally, I write some questions on the surface of the mirror:
Do I decide what enters my body?
How many of our consumption habits erase us from our lives?
How many of our consumption habits finance violence? To read them, the public will see their reflection in the mirror-model and the drug residue. Thus, the work shifts consumption from the individual plane to a socialized desire—to consumption as a political technology—and places the public before an ethical decision: to look or not to look, to consume or not, knowing that any choice inscribes them within the image and the very circuit of consumption.

*If the action is in the street / display the product and directly create the object's file, make the model (more as a contemplative and durational act). Leave the model made with the cocaine residue and the questions written on the mirror.

https://marianarossier.wordpress.com/

Performer, poeta y música.

Mariana Hernández Rossier ha publicado textos y foto-performance en revistas impresas y digitales como Generación, Transe Magazine, Escritoras Mexicanas, Poe-tripiados, Hysteria, Anestesia, Primera Página, la revista del Museo Universitario del Chopo (VOCES) y la Revista de Arte Boticario, donde colabora con una columna bimestral dedicada a la poesía experimental. Forma parte de la antología Inefables de Editorial Aspargus (Baja California).
Ha presentado su trabajo en diversos espacios y festivales. Entre ellos destacan el Ciclo de Poesía Escénica Joan Brossa con la pieza Acción en tres actos, presentada en el Centro Cultural España y en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (2022); Draw Box, performance en el CEART Tijuana (2023); Masa Madre, seleccionada en el 3er Encuentro de Performance y Género en Querétaro (2023); y Planté una lágrima para llorar un jardín entero, pieza seleccionada para la residencia y festival No lo haga usted mismo en Aguascalientes (2023). Un año más tarde presentó en ese mismo festival Aquí nos sostenemos para alcanzar el sol (2024).
Ha estrenado también Acciones para hacer con la bandera de México, performance presentado en el Foro Hilvana durante el Encuentro de Arte Independiente Vol. 2 (2024); y Artefacto (fall in / i'm words) para DEL VERBO GALEAR, curaduría de Paola Paz Yee (2024).
Asimismo, participó en el Festival InSitu de la Alianza Francesa de Guanajuato con Deseo anónimo (2025); en Sitio Arqueológico 2090-TJ, arqueología especulativa en formato remoto para la exposición Una imagen dentro de otra, montada en Casa Azul (Tijuana, B.C., 2025); en ¿Qué vidas merecen ser sostenidas? Algor mortis, presentada en AXÓLOTL. Acciones para postergar el mundo, en el CENART (2025); y en Aprender a bolear, pieza in situ creada durante la residencia Variety Show, dirigida por Lynsey Peisinger en Monterrey (2025).
Coordina el Laboratorio Continuo de Performance y la Cartelera Activa de Performance en la Ciudad de México, desde donde impulsa una plataforma educativa y práctica dedicada al arte de la acción.