Solo me amabas cuando estábamos trabados: Akrasia, Desconocimiento Erótico o Por Qué Los Niños Bonitos No Hacen Esto / Colombia / Santiago Andrea Arciniegas Gómez
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Solo me amabas cuando estábamos trabados: Akrasia, Desconocimiento Erótico o Por Qué Los Niños Bonitos No Hacen Esto es un proyecto fotográfico y performativo de larga duración desarrollado a lo largo de 89 semanas consecutivas. Su núcleo no es la imagen aislada, sino la repetición del gesto como acción sostenida en el tiempo: el cuerpo insistiendo allí donde el deseo ya no encuentra respuesta. Imagina que no sabes nada. Que no entiendes por qué alguien querría esto. Que la sola idea de un calzón chino atómico te parece absurda: un castigo sin sentido, un chiste incómodo. La obra parte de esa resistencia inicial, de la incomodidad del espectador frente a un acto que no busca complacer ni explicarse del todo. ¿Qué tiene esto de especial? ¿Por qué alguien repetiría voluntariamente este gesto una y otra vez? Durante un año y medio, el artista se autorretrata semanalmente frente a una pared blanca, repitiendo un mismo acto: tirar de su ropa interior desde la espalda hasta cubrir el rostro, en lo que se conoce como un atomic wedgie o "calzón chino atómico". Este gesto, históricamente ligado al castigo, al juego cruel y a la humillación, es reapropiado como acción autoimpuesta, transformándose en un ritual íntimo. El wedgie es una práctica abrumadoramente norteamericana; en Bogotá, su falta de eco cultural se convierte en una forma de exilio. No se trata solo del aislamiento dentro de una relación, sino de la ausencia de una comunidad donde este deseo pueda existir sin traducción o burla. Lo importante no es el gesto en sí, sino las manos que no están. La serie reúne 176 fotografías donde el gesto permanece constante mientras la imagen varía a través de materiales, sustancias y recursos visuales —miel, lodo, cuerdas, fluidos, pintura— apropiándose de tropos asociados al retrato y al fetiche. Sin embargo, la imagen no busca la seducción ni la espectacularidad, sino el desgaste: el cuerpo como superficie donde la repetición deja huella. Conceptualmente, el proyecto se articula alrededor de la noción de akrasia —hacer aquello que se sabe perjudicial— y del desconocimiento erótico: la persistencia del deseo aun cuando ya no es compartido. El calzón chino aparece como contradicción: violencia y juego, humillación y reconocimiento, sufrimiento y euforia. La acción no se presenta como liberación, sino como insistencia. La performance traslada este gesto al espacio público, exponiendo el cuerpo a la mirada ajena y al tiempo real. En la línea de prácticas de resistencia corporal, la acción genera una ambigüedad afectiva: el público no sabe si reír, sentir vergüenza ajena o incomodidad. Esa indecisión es parte central de la obra. No hay instrucciones morales ni desenlace catártico. Solo un cuerpo que insiste. Más que una provocación, el proyecto propone la repetición como forma de conocimiento. La insistencia del cuerpo —cuando el lenguaje erótico fracasa— se vuelve una manera de reclamar visibilidad, no desde el orgullo ni desde la vergüenza, sino desde la persistencia. En este sentido, la obra reivindica el cuerpo como territorio de conflicto, memoria y resistencia, haciendo visible aquello que suele quedar fuera del relato del deseo compartido.
You Only Loved Me When We Were Hooked Up: Akrasia, Erotic Ignorance, or Why Pretty Boys Don't Do This is a long-term photographic and performance project developed over 89 consecutive weeks. Its core is not the isolated image, but the repetition of the gesture as an action sustained over time: the body persisting where desire no longer finds a response. Imagine you know nothing. That you don't understand why anyone would want this. That the very idea of an atomic wedgie seems absurd to you: a senseless punishment, an awkward joke. The work stems from this initial resistance, from the viewer's discomfort with an act that doesn't seek to please or fully explain itself. What's so special about this? Why would someone voluntarily repeat this gesture over and over again? For a year and a half, the artist photographed himself weekly in front of a white wall, repeating the same act: pulling his underwear from behind to cover his face, in what is known as an atomic wedgie. This gesture, historically linked to punishment, cruel play, and humiliation, is reappropriated as a self-imposed action, transforming into an intimate ritual. The wedgie is an overwhelmingly North American practice; in Bogotá, its lack of cultural resonance becomes a form of exile. It is not only about isolation within a relationship, but also about the absence of a community where this desire can exist without translation or ridicule. What matters is not the gesture itself, but the hands that are not there. The series comprises 176 photographs where the gesture remains constant while the image varies through materials, substances, and visual resources—honey, mud, ropes, fluids, paint—appropriating tropes associated with portraiture and fetishism. However, the image doesn't seek seduction or spectacle, but rather attrition: the body as a surface where repetition leaves its mark. Conceptually, the project revolves around the notion of akrasia—doing what one knows is harmful—and erotic ignorance: the persistence of desire even when it is no longer shared. The wedgie appears as a contradiction: violence and play, humiliation and recognition, suffering and euphoria. The action is not presented as liberation, but as insistence. The performance transfers this gesture to the public space, exposing the body to the gaze of others and to real time. In line with practices of bodily resistance, the action generates an affective ambiguity: the audience doesn't know whether to laugh, feel vicarious embarrassment, or discomfort. This indecision is central to the work. There are no moral instructions or cathartic resolution. Only a body that persists. More than a provocation, the project proposes repetition as a form of knowledge. The body's insistence—when erotic language fails—becomes a way of reclaiming visibility, not from pride or shame, but from persistence. In this sense, the work reclaims the body as a territory of conflict, memory, and resistance, making visible what is usually left out of the narrative of shared desire.
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Santiago Andrea Arciniegas Gómez es artista visual y performer. Su práctica se desarrolla entre la fotografía, la performance, el archivo personal y el texto, a través de procesos de larga duración basados en el autorretrato. Su trabajo explora la relación entre imagen, deseo, repetición y desgaste, cuestionando cómo ciertas estéticas y prácticas prometen formas de vida que no siempre pueden sostenerse fuera de la imagen. Le interesa la obsesión como método, el cuerpo como archivo y la repetición como forma de conocimiento. Formación académica
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